Ha sido interesante esta nueva etapa. Un desafío tratar de enseñarle algo a los niños de 10 años que sólo van al colegio porque sus padres se lo piden. Obviamente no hay interés en un ramo de Historia, sobretodo cuando se habla de las instituciones políticas y la Constitución, pero nada es inabarcable. Lo primero es olvidarse del silencio. No se debe esperar un silencio sepulcral en la sala. En los inicios del siglo XXI, lo menos que se requiere es adormecimiento de la creatividad y de la mente. Entonces, para abordar tal característica, ha sido necesario que yo me adapte a ellos y utilice su lado de interés junto con un poco de formas lúdicas.
Mi gran ganancia ha sido el tiempo. Tras años en el Retail, entrando al amanecer y saliendo de noche, he sentido, ahora que salgo temprano, a media tarde, la gran fuerza de la radiación solar, pegándome en la cabeza, rebotando en el cemento, rodeándome y haciendome valorar aún más los lentes de sol que casi no ocupaba, así como los sombreros.
El tiempo, sin embargo, es lo más sagrado. Ahora puedo avanzar en lo que sea y puedo crecer en mis hobbies y apasionamientos. Es un gran trabajo porque es estimulante enseñar, desafiar a los alumnos, encontrar nuevas formas y divertirse planeando cómo contener sus impulsos, y que además te sobre tiempo para que hagas tus cosas, me parece increíble. Sin duda la docencia es genial.
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